Nuevo reporte muestra una ganancia neta de bosques en la Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala

Foto: Rainforest Alliance - Sergio Izquierdo

Foto: Sergio Izquierdo para USAID – Rainforest Alliance

Todos sabemos que pagar deudas es un proceso complejo. La deforestación es una deuda grande y en la Reserva de la Biósfera Maya (RBM) hay una cuenta pendiente de pagar. Los incendios forestales, la degradación de la tierra debido al mal manejo del suelo, prácticas ilegales de tala de árboles y narcotráfico, han sido las causas principales de este desastre en la segunda reserva más importante de Latinoamérica.

Sin embargo, las concesiones forestales comunitarias, ubicadas en la región este del norte de la RBM, lograron pagar parte de esta deuda, según el reciente reporte desarrollado por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, Wildlife Conservation Society y otras organizaciones. El reporte, apoyado por la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento del Interior también de este país (USDOI/ITAP), destaca “durante 2017 se registró por primera vez desde que se dispone de datos, una cifra positiva en cuanto a la cobertura boscosa, con una ganancia neta de 1,088 hectáreas de bosque”.

Además de este importante logro histórico, en condiciones complicadas en medio del bosque, las concesiones comunitarias prosperaron sus negocios forestales, crearon puestos de trabajo que contribuyeron a sacar de la pobreza a sus vecinos e hicieron posible proteger y restaurar esta zona. Más del 34 por ciento de esa área recuperada está bajo el manejo de cinco de las 11 concesiones forestales comunitarias (terrenos del estado de Guatemala otorgados para uso sostenible por 25 años).

A través de la iniciativa Clima, Naturaleza y Comunidades de Guatemala (CNCG), impulsada por USAID, liderada por Rainforest Alliance en colaboración con la Asociación Comunitaria Forestal de Petén (ACOFOP), se apoyó a las comunidades para el manejo de 2.1 millones de hectáreas localizadas en la Zona de Usos Múltiples de la RBM. En los últimos seis años, el negocio forestal sostenible de las concesiones comunitarias generó más de 6,940 puestos de trabajo y US$50 millones en ventas de productos maderables y no maderables, manteniendo 0.4 porciento de deforestación –una cifra importante comparada con las áreas vecinas que reportan veinte veces más.

El estudio sobre el desempeño socioeconómico de las concesiones, elaborado por el Centro para Internacional para la Investigación Forestal (CIFOR), también destaca que muchas de las familias que viven allí han logrado salir de la pobreza, y casi ninguna depende de ayuda económica de familiares o amigos viviendo en el extranjero, deduciendo así que un negocio forestal sostenible puede reducir la migración y permitir que estas familias y comunidades prosperen en su lugar de origen.

Una mujer lidera una de estas concesiones

Felisa Navas Pérez

Felisa Navas Pérez

Una de las concesiones comunitarias que reportó ganancia de cobertura boscosa es la Asociación Integral Forestal Cruce a la Colorada (AFICC), ubicada en el municipio de San Andrés, Petén.  Felisa Navas, presidenta de esta asociación en dos períodos diferentes, atribuye el éxito de su liderazgo al apoyo técnico que recibió de las organizaciones socias.

Cuando aceptó ser presidenta, AFICC estaba en riesgo de perder la concesión debido al mal manejo administrativo.

 

“Nosotros trabajamos junto a los miembros e instituciones que nos ayudaban”, recuerda. “Pagamos todas nuestras deudas y empezamos a organizarnos mejor”.

En 2015, CNCG presentó acciones legales para asegurar la estabilidad de AFICC y también brindó asistencia técnica empresarial para lograr un manejo forestal sostenible. Como resultado, entre 2014 y 2017, AFICC generó más de $850,000 en ventas de productos maderables, cuadriplicó la cantidad de miembros y creó 212 puestos de trabajo. Además, logró recuperar 42 hectáreas apropiadas ilegalmente y reportó ganancia de cobertura boscosa en 76 hectáreas más.

Las concesiones forestales comunitarias muestran claramente la conexión entre prosperidad, autogestión, economías locales sostenibles y bosques saludables.  Notablemente, han cumplido con el mandato estatal de manejar sosteniblemente los recursos naturales mientras que hacen uso de sus productos. Mejor aún, han ayudado a reducir esa deuda con la naturaleza que a cambio nos regala el elemento vital para vivir.

“Nosotros dependemos del bosque. Tenemos que cuidarlo para que nos renueven los contratos de la concesión”, concluye Navas.


Articulo original en idioma inglés disponible en la website de Rainforest Alliance 

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